
Toma una olla y por la mitad
llénala de agua y luego ponle unto
la sal suficiente para darle el punto
y el resto de cosas hasta rellenar
Carne de ternera, trozos de chorizo
patatas peladas, partidas en trozos
crecen los gallegos hechos unos mozos
pues con unos grelos has rizado el rizo.
Cierra bien la olla, pones fuerte el fuego
calientas el algua y los ingredientes
la válvula gira, gira y gira, y luego
Baja un poco el gas, pones lento el fuego
media hora en reposo el recipiente
dejas enfriar y termina el juego.
¡Qué gran invento los platos "de cuchara"! Congregan alrededor de una olla a familias o amigos que esperan ansiosos ver llenos y humeantes sus platos soperos.
Cocidos Madrileños, Potes Gallegos, Fabadas Asturianas, Potajes... platos que, a lo largo y ancho de la geografía española, hacen las delicias de cualquier paladar en los más crudos inviernos gracias a los más básicos principios de la cocina.
Agua, sal, verduras (legumbres en sus distintas formas, patatas y alguna otra verdura como repollo, grelos, espinacas...) y carne (ternera, a veces pollo)... no mucho más. Una olla y fuego. Y tiempo (cuanto más, mejor, la olla express ayuda, pero el fuego lento le da un punto insuperable)
La variedad radica en los ingredientes, el modo de empleo viene a ser muy similar en todos los casos. El resultado, un plato completo de verduras con carne, chorizo y un caldo que en unas ocasiones acompaña y en otras se toma aparte, como la sopa de cocido (sabrosísimo primer plato, antesala de un buen segundo).
Estos platos provienen en ocasiones de entornos rurales, y aportan la energía necesaria para sobrellevar las bajas temperaturas. Su elaboración es sencilla (quizás por eso fue una de mis primeras especialidades a la hora de enfrentarme a la subsistencia tratando de alejarme de los platos de pasta).
Con las medidas oportunas (de agua, sal, ingredientes y tiempos de cocción) la olla se encarga de hacer todo el trabajo. Y es agradable dejar la puerta de la cocina abierta para que el aroma invada toda la casa.
Recuerdo cierta semana santa en La Coruña, alojado en el Hostal Palas, cuando el domingo abandoné la habitación para emprender el regreso a Madrid y el olor a un cocido en proceso de eaboración casi me convence para prorrogar mi estancia un día más.
Y es que un cocido o un pote no suponen sólo el tiempo de preparación y el de degustación.
En ocasiones los platos de cuchara conllevan un segundo postre practicamente obligado: una buena siesta. Un estómago lleno y en pleno proceso digestivo favorece las más largas y sonoras siestas.
Así que, dicho esto, sólo queda desear:
Buen provecho ...y dulces sueños!